Arquitecto

Jordi Roig Navarro

Colaboradores

Jose Ramos, arquitecto

Sergi Villalba, COTCA

David Camacho, BT1

Fotógrafo

José Hevia

Situación

Mataró, Barcelona

Fin de obra

05/10/2017

Fabricante de ladrillo

Piera Ecocerámica

 

La nueva residencia para personas con discapacidad y movilidad reducida promovida por la Fundación Privada Llars de l’Amistat se sitúa en el barrio de Palau, cerca del nucleó antiguo de Mataró. En el sector conviven antiguas casas menestrales con antiguos solares industriales que se transforman en complejos residenciales de escasas cualidades arquitectónicas. El barrio se libera con grandes espacios públicos pero a la vez el tejido se densifica ganando altura y perdiendo la escala amable que antaño ofrecía .

Nuestro edificio se sitúa en le cruce de dos calles que siguen los ejes cardinales El lado más largo norte-sur y el más corto este-oeste. La nueva idea de Residencia propone organizar las plantas en unidades de convivencia autónomas. Es decir cada planta debe constituirse en un hogar para los residentes, en el que puedan descansar, asearse y a la vez relacionarse. De esta manera los usuarios del nuevo equipamiento percibirán que viven en su vivienda-hogar y no forman parte de una residencia, en que cada parte este especializada y organizada. Las plantas además de dormitorios contemplan la posibilidad de desarrollar actividades en espacios polivalentes u otros análogos a la sala de estar-comedor de una vivienda habitual. Grandes terrazas-jardín orientadas a sur y con vistas hacia el mar permiten a los usuarios disfrutar del clima benigno de esta ciudad costera.

La tradición edilicia del lugar nos refiere a estructuras de paredes de carga y fachadas enfoscadas con mortero de cal, donde el color predominante suele ser el ocre o las distintas variantes del beis. Proponemos así para su mejor durabilidad una fachada donde la textura no esté muy marcada y donde le color pixeldo del aparejo adquiera distintas tonalidades a lo largo del día. Los huecos de los dormitorios se agrupan dos a dos para desarrollar una nueva escala que se mestice y al mismo tiempo identifique el edificio a camino entre la residencia convencional y el equipamiento público. Las terrazas situadas en “proa” del conjunto con su exagerada rotundidad y profundidad otorgan al conjunto la singularidad silenciosa requerida en el entorno. La planta baja acoge el programa asistencial y colectivo de la residencia. La planta ático por el contra adquiere el papel de pent-house del conjunto donde las actividades lúdicas como los talleres, o de ejercicio como la sala de fisioterapia permiten disfrutar del perfil de la ciudad y de su entorno natural.

La fachada se construye con una membrana de ladrillo cara vista colgado con sistema de anclajes de acero inoxidable permitiendo así evitar los puentes térmicos y mejorar el comportamiento reológico y climático del edificio. Las soluciones constructivas empleadas no pretenden ser novedosas o arriesgadas, todo al contrario ofrecen soluciones posibilistas con un mantenimiento mínimo y un envejecimiento noble.